«[…] La Abogacía no es una consagración académica sino una concreción profesional. Nuestro título universitario no es “Abogado” sino de “Licenciado en Derecho, para poder ejercer la profesión de Abogado”. Basta, pues, leerle para saber que quien no dedique su vida a dar consejos jurídicos y pedir justicia en los Tribunales, será todo lo Licenciado que quiera pero Abogado, no. […]» (“El alma de la toga” de Ángel Ossorio)

Anuncios